lunes, 5 de octubre de 2026

Si tan solo tuviéramos los originales... (una reflexión)

 Imagina estar conversando con un hermano en Cristo, y él te dice: "Todo esto de las variantes textuales en los manuscritos del Nuevo Testamento, es tedioso. Si tan solo tuviéramos los originales. ¡Quizás algún día se encuentren!"

Y es que en el campo del estudio e investigación textual del Nuevo Testamento, el enfoque (clásico) ha sido reconstruir el texto original de los apóstoles y asociados (autógrafo). Y es mi convicción personal, de que todas las lecturas del Nuevo Testamento (NT) se encuentran mirando toda la tradición manuscrita. No solo en los manuscritos griegos antiguos, ni tampoco solo en la tradición bizantina, sino en todos.

Es decir, si tengo el texto de Nestle-Aland, la edición número 28, tengo el texto impreso, y abajo de cada página se encuentran, en el aparato crítico, los manuscritos griegos y versiones antiguas que dan soporte a la lectura en el texto (donde hay variantes) y otros manuscritos griegos, versiones antiguas, y nombres de padres de la iglesia que dan soporte a otras lecturas. Digamos que el comité que produjo el texto del NA28th decidió que en una variante, tal lectura es la original, y yo, por mi parte, considero que es otra la lectura original, una que estaría abajo en el aparato crítico. Ya sea una, u otra, esa es la lectura original (del autógrafo).

Pero sigamos imaginando esta conversación. Fulano de tal continúa diciendo: "Pero si tuviéramos los originales sabríamos todas las lecturas que estaban allí. ¡Y de seguro, eruditos agnósticos y ateos deberían creer! Ya no tendrían excusa para su incredulidad."

Pero pregunto: ¿Creemos en que Dios ha preservado su Palabra? Si le pregunto a un cristiano, la respuesta sería: Sí, absolutamente.
¿Reconocemos que hay variantes textuales en el texto del Nuevo Testamento? Claramente que sí.
¿Necesitamos las copias originales (autógrafos)? ¿Qué responderías?

Yo respondería que no. Y ojo, no quiero que se malinterprete. ¿Me gustaría que se encontrasen los originales? Por supuesto que sí. ¿A qué cristiano no les gustaría? Pero, debemos reconocer una realidad histórica: el material en el cual fue escrito (con toda probabilidad, papiro, y en rollos, no en códices), es perecedero. El paso del tiempo, el clima, el constante uso por las copias de las iglesias, la humedad, etc., todo ello deterioró el material en que fueron escritos los originales. No se escribieron sobre piedra; no hubiera sido muy útil para la evangelización y la Gran Comisión. Pero se escribieron sobre papiro, y con toda seguridad estos fueron copiados, copiados y copiados hasta más no poder, por cristianos que querían conservar la Palabra de Dios para sus propias iglesias, en muchas partes del mundo antiguo (el mundo conocido en ese entonces). De manera que, quiero que veas mi punto: las palabras se preservan APARTE del material en el que fueron escritos. Lo repetiré: las palabras contenidas en los materiales perecederos son lo importante, y estas se preservaron por medio de la copia, pero los materiales (papiro) en que fueron escritos perecieron. ¿Lo ves? 

¿Necesitamos, entonces, los originales para poder tener certeza de nuestra fe? Absolutamente no, porque las palabras son las importantes, y estas se preservaron en toda la tradición manuscrita.

Sabes, CSNTM (the Center for the Study of the New Testament Manuscripts) se ha encargado de digitalizar cada copia existente (humanamente posible; todavía falta) del Nuevo Testamento. Y la razón es que, el material (papiro, pergamino, papel) son perecederos. Es una realidad. Es por eso que esta organización los está digitalizando en una altísima calidad, porque quiere preservar, sobre todo, las palabras que allí se conservan. Oh, que precioso pensamiento, que la palabra eterna de Dios se preserve, a pesar del material perecedero que las contiene. Porque al final del día lo que importa no es el precioso material de papiro, sino las palabras de vida eterna que están allí. 

Y ¿qué hay de que si se encontrasen, los eruditos agnósticos creerían? ¿Tú crees que eso sucedería?
Te doy firmado, lo repito, te doy firmado, de que si por milagro, o X, Y, Z se encontrasen los originales, solo suponiendo (imaginar no cuesta nada), te doy firmado de que Bart Ehrman, por ejemplo, seguiría sin creer. Le podrías decir: "¡Mira! Aquí están todas las lecturas." Y él te podría decir: "Perfecto. Me quedé sin parte de mi trabajo. Pero ahora, todavía, demuéstrame que lo que relatan esas palabras son verdad." ¿Ves? El problema de la incredulidad no es la falta de evidencia, es un tema del corazón. Ehrman no solo no cree en el Evangelio por que no están los originales, y de algún modo, perturbó su fe, sino porque su problema principal es con la justicia de Dios, y con Dios mismo. De hecho, ese es el problema de todo incrédulo, queramos o no admitirlo. 

Si tan solo tuviéramos los originales... ¿Crees que con los documentos originales solamente los cristianos pueden crecer en la gracia y en el conocimiento del Señor Jesucristo? ¿Y que solo con ellos se puede defender la fe, o creer las doctrinas correctas, o predicar, o hacer exégesis, o etc?

La respuesta es: no. Porque creemos que Dios preservó su Palabra. Y por eso hacemos todo lo que hacemos. ¿Tenemos que lidiar con variantes textuales importantes de vez en cuando? Sí. ¿Se puede llegar a la lectura original? Sí, en la mayoría de los casos. Y según el Dr. Daniel B. Wallace, solo un menos de 1% de las variantes textuales del NT son muy importantes y requieren de un estudio bien extensivo. Pero ninguna afecta ni toca una doctrina cardinal de la fe cristiana. Gloria a Dios por eso. A Dios no se la ha escapado nada de sus manos. 

Y de nuevo, en ese 1% de variantes viables y significantes (de las que se deben estudiar y presentar los argumentos, manuscritos, etc.), los comités de nuestras traducciones sí toman una decisión. Es más, me voy un paso atrás: los que producen los textos críticos griegos toman la decisión. Sí, pueden pasar horas, días, semanas discutiendo, argumentando, con dolor de cabeza, etc., pero al final del día toman una decisión. Y lo mejor, las otras lecturas las dejan en el aparato crítico. En las traducciones, como LBLA, NBLA, NVI, o las RV más actuales, los traductores, cuando piensan que las variantes son importantes que el lector las sepa, las pone a pie de página. Te dicen: "decidimos esta lectura, pero ojo, a pie de página está esta otra. Es lo más transparente que pueden hacer, y me parece perfecto. Así se hace con la verdad. Uno no la encubre, ni dice: "que esto no se sepa". No, al contrario, ponlo a la luz, examínalo tú mismo. Vamos, hombre, que si te preparas para esto, luego no te va a pillar de sorpresa. Ya estarás preparado y armado para dar defensa de tu fe ante todo aquel que demande razón de la esperanza que tenemos en Jesucristo.

Y piensa, con el texto de Erasmo (el Textus Receptus), que no es el mejor texto griego del NT que digamos, se incendió toda una reforma. Porque el Textus Receptus (el denominado Texto Recibido) contiene esencialmente el mismo NT que conocemos tú y yo. Sí, hay variantes. Sí, prefiero el texto crítico de Nestle Aland, pero es el mismo NT. No son dos diferentes. Llegas a creer las mismas doctrinas cristianas. Puedes ser salvo, crecer en gracia, crecer en santificación, servir al Señor, etc.

Te dejo con el siguiente texto, para que veas que las Palabras de Dios son las importantes, no el material:

"Sécase la hierba, marchítase la flor,
mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre."
Isaías 40:8 (LBLA)

Amén.


Dios te bendiga, querido lector.

Atte.,

Felipe Díaz-Valdés Bustamante.